lunes, 15 de abril de 2019

Domesticando emociones



En un solo latido
puedo intuirme
canal tubular del viento,
brizna ligera,
hierba fresca,
espora, espiga,
semilla,
sarmiento.

Solo una respiración
para sentirme
sensual, sedosa pluma.
Álamo temblón
si tus yemas me rozan.
Liso, espinoso cactus,
retorcida,
caprichosa rama.

Solo un instante
para saberme antiguo
y sabio roble,
victorioso olivo.
Flexible, liviano,
definido bambú.

¿Soy todo eso?
¿Lo seré mañana?

Navego
en la aceptación
de la incertidumbre,
me abandono a la obra,
a la acción, al presente.

No decaigo en el intento,
domestico con tesón
mis emociones.

Más llevo dentro
un corazón salvaje,
que cabalga nubes
y salta montañas,
insufla hogueras,
prende llamas.

Comulga con el trueno,
aúlla en el aguacero,
atrae la luz del rayo,
arde en la tormenta.

Un corazón
que vuela y sueña,
evapora lagos lánguidos,
destila fascinación, gozo,
frescura,
belleza.

Un corazón
que sublima el abrazo,
anhela fundirse con el alma,
teje abrigos de sonrisas,
de fuego,
de sal,
de tierra y agua.

Anhela ser puro elixir
fluído,
esencia,
éter,
savia.

Foto: Mauricio Martí


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