La ensoñación del Tahúr
la exposición modernista
el "Duende" del bar
los azulejos esmaltados
el rimel extra-lounge de la camarera,
"Blue Velvet" acariciando las ondas de radio.
Mientras te espero
exquisitamente sentada,
vigilando la puerta
copa en mano,
pose altiva
muslos cruzados,
en el único taburete de sky
raído y azul.
De repente entran dos tipos
me cuadro,
chaqueta oscura
gabardina bajo el brazo.
Falsa alarma.
Ninguno eres tú.
Desde el fondo,
un recién graduado,
aspirante a funambulista
aproxima su silueta tambaleante
se apoya en la barra
roza mi hombro
pide otra ginebra de color azul.
Se gira,
mira mi escote
hace una absurda observación
sobre mi blusa de seda azul.
Le ignoro
agarra mi muñeca
insiste en que pruebe su copa.
Me suelto
me revuelvo
le tiro a la cara
su asqueroso licor azul.
Agarro fuerte
mi bolso azul de polipiel
escapo del antro
en volcánico arrebato.
Mis pies se apresuran
las lágrimas afloran.
Frustración.
Derrota.
Nada importa.
Me alejo
por el callejón mugriento
a un ritmo endiablado
nudo en la garganta,
temblor en los tobillos
tacones acrobáticos.
Paro un taxi
abro la puerta,
al ir a entrar
alguien grita mi nombre,
a lo lejos agita los brazos
veloz se aproxima
con bufanda larga ondeante.
Eres tú
acalorado,
entrecortada respiración,
me sonríes
con tus ojos de color azul.
Me abrazas
con decisión,
me besas,
me calmas.
Me rodeas
con tu bufanda infinita
cobijadora de punto azul.
Me prometes,
que no permitirás
que tiemble de frío
en esta
ni en ninguna otra escarchada noche
azul o no azul.
Quiero creerlo
al menos en este instante
cinematográfico,
hipnótico,
en el que te miro
y quiero soñarte
como un Bogart azul
"al borde de mi embaucador abismo".
