Hermana luna, aquí me tienes.
Descansando un ciclo más
bajo la densa cúpula
de este tabernáculo cósmico.
No logro imaginar
qué has reservado para mí
después de este intenso combate.
He cumplido mi parte
y aunque los ciruelos ya florecen...
el frío encoge este corazón alado
que sólo anhela alzarse, volar
y mecerse en corrientes más cálidas.
Seguiré orándote,
si ese es tu mandato,
sorprendiéndome en cada verso
esperanzada
por este pacto de sangre,
de hermanas.
Mis alas se prosternan ante tí,
ya no respiro sino es en tu presencia.
Aguardo la alquimia
que aliviará mi sed
infinita, insaciable de tu luz astral.
Hermana luna,
Aquí me tienes,
dispón de mí.
Me abandono, cedo...
entre tus azuladas sombras
me disuelvo...
