domingo, 16 de junio de 2019

La duda.


Podría dejar que cogieses mi mano
y alojaras los dedos en tu boca.

Permitir que escalaras
la comisura de mis labios.
Que los tuyos
dibujasen rutas 
y laberintos en mi espalda. 

Autorizarte a pasear
por debajo de mi puente lumbar,
que por encima me observaras,
me indagaras.

Podría abrir las compuertas 
para que tus azules ríos
desbordaran mis laderas,
como agua de deshielo
nueva, pura, 
fresca, sana.

(Concederme un deseo)
Dejar que encendieras, todas a la vez,
las estrellas de mi pecho
para ser tu osa mayor,
tu osa menor,
tu orión, 
tu vía láctea.

Incitarte a que, lentamente,
me devoraras,
carne, hueso,
piel,
alma, entrañas.

Podría rendirme, sí
vencerme, abandonarme.
Pero la duda me inquieta,
me acalla.

Debería sabotearme,
censurarme,
vetarme,
dejar que tus gestos y tu boca me mintieran
al despedirnos una vez más, junto a tu puerta,
y marcharme...
y olvidarte para siempre...


      Más no podré hacerlo
mientras tus ojos me sonrían,
 y  me cuenten y me hablen
  y me digan, otro día más, que
    también desean pasearme,
                           observarme,
                     deshelarme,
                 desbordarme,
              escalarme,
         dibujarme,
       encederme
       devorar

          me.

  
Foto. Manuel Escudero             

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