No, mi útero no ha parido
no ha reventado mi canal femenino.
Aún así soy madre.
No, mi vulva no ha sufrido desgarro alguno
ni ha asomado por ella tierna cabecita.
Aún así soy madre.
No, mi vientre no se ha hinchado
como fruta madura,
ni ha ingeniado puentes,
ni conductos, ni acueductos,
ni oquedades
que den escondite al germinado.
Aún así soy madre.
Tampoco he conjurado una pócima
creadora de líquido amniótico.
Ni he invocado a la Vía Láctea
para derramarme en manantiales
blancos y templados.
Aún así soy madre.
Madre de dos luceros
que pronto hubieran marchado,
que juegan en mi pecho
cada vez que mi corazón
se siente amado.
Y abrigan mi garganta con finas hebras
cada vez que de emoción mi voz se quiebra.
Aún así, y por todo ello, soy madre.
Y mi madre, también es su doble madre.
Es necesario decirlo,
es necesario escucharlo.
Como madre que soy
les arropo cada noche con un manto estrellado,
y me despierto cada día con mi corazón rebosado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario